
«Carta a mi esposa» de José Pérez López
Antes de escribir esta carta de amor, quiero explicarles, porque creo que así lo requiere esta determinada carta, el porqué de ella, y por qué fue escrita.
En primer lugar, he de manifestarles que desde hace más de siete años estoy trasplantado de hígado, exactamente el día 24 de Abril de 2001, en el Hospital Doce de Octubre de Madrid, por el Dr. Enrique Moreno.
Como consecuencia de ese trasplante tuve tres rechazos hepáticos, múltiples complicaciones, tantas que, a los pocos meses del trasplante, los médicos indicaron a mi esposa que no contaran conmigo, pues el virus C estaba destrozando por completo y a marchas forzadas el nuevo injerto, y que en unos meses todo se habría acabado, no habiendo posibilidad de un segundo trasplante.
Fue años más tarde cuando me enteré de esas trágicas noticias, de las cuales mi esposa jamás nunca me dijo nada.
Pues bien, independientemente de que yo no supiera ese trágico final que se me acercaba, bien por mi estado anímico, bien porque, aunque débil, mi mente estaba lúcida y yo sabia que algo no iba bien, y que ese algo me estaba llevando al final del camino, y fue durante esos días y semanas, en la que todo estaba lleno de tinieblas en mi vida, es cuando se me ocurrió dejar escrito a mi mujer, en unas cuartillas y desde mi cama del hospital, todo el amor que sentía por ella, y todo lo que quería haberle dicho y que nunca se lo dije, y esa carta es la que ahora, por supuesto muy reducida, es la que les remito a ustedes.
Solamente, cuando llegan las circunstancias que, como en mi vida, se estaban dando, te das cuenta de todo aquello que has tenido, que no lo habías valorado lo suficiente, y que ahora por esta maldita enfermedad, todo se perdía para siempre, y que me iba a un largo viaje sin retorno y quería que ella supiera todo lo que había significado en mi vida.
Hola mi amor:
Me pongo a escribir estas líneas, que posiblemente tú leas, cuando ya todo haya acabado, y no me encuentre junto a ti, pues los dos sabemos todo lo que esta ocurriendo y cómo acabará.
No se como empezar a decirte todo aquello que por mi torpeza, nunca supe decirte a lo largo de los años. Cómo decirte que desde aquel día que te conocí, supe que ya no sólo sería tu novio, tu marido o tu compañero, sino que me convertiría en el guardián de tu persona y que te protegería y cuidaría hasta el fin de mis días.
Se que mis silencios han tenido la culpa de muchos de mis errores, pero también sabes mi amor, que el primer beso te lo dí, con los ojos, no con la boca, te dije:”con este beso, sabrás todo lo que he callado”.
Esos tiempos de noviazgo, esos tiempos ya lejanos, hace años que pasaron, fueron años de luces y sombras, años en los que muchos de nuestros sueños jamás se cumplieron y se quedaron en el camino tirados en la caja de los sueños incumplidos, pero que cómo estábamos juntos nada de eso nos importaba demasiado, pero ahora dentro de poco, todo eso acabará para siempre, y te diré que al iniciar este largo viaje sin retorno, no tengo miedo por mí cariño, sino miedo al dejarte sola, y cómo se que tú siempre has vivido por mí, ahora tendrás que acostumbrarte y tendrás que vivir tus propios recuerdos, pero no olvides mi niña, que el último aliento de mi boca será para nombrarte y que mis labios envolverán tu nombre al llamarte, con todo el amor que mi cuerpo, mi mente y mi alma puedan tener en el último instante de mi vida, y cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando, porque tu has hecho que a lo largo de mi vida, yo quisiera ser mejor persona cada día.
Cuando el maldito jinete de la guadaña, en las largas noches de este hospital, espera junto a mi cama, le pido con insistencia, que no tengo miedo a montar en la grupa de su caballo, para iniciar esa carrera sin retorno, pero que aún espere un tiempo a que termine y haga cosas que nunca hice y que me hubiera gustado hacer, como pasear por la orilla de un río, pisar la jara y la escarcha, de la mano junto a mi esposa, ver amaneceres y puestas de sol que tantas veces me he perdido, leer libros que tengo y que hace tiempo que no abro, oler una rosa, un clavel, un lirio, un jazmín,!oh! Dios mío, cuántas cosas me he perdido a lo largo de mi vida, y que ahora deseo hacer, cuando tan cerca y próximo veo el final.
No puedo olvidar, que un día y a pesar de los muchos problemas que teníamos, al levantarte, feliz y sonriente, me miraste, me diste un beso y me dijiste:”No deseo nada más”.
Cuando todo esto haya pasado, y ya no esté junto a ti, cierra los ojos y piensa en lo felices que hemos sido, mientras estuvimos juntos, y que ahora a pesar de que ya no esté contigo, recuerda lo que tantas veces te he dicho a lo largo de nuestra vida en común, que yo siempre te seguiré amando hasta después de la muerte y que aunque ya no estemos juntos, siempre habrá un mañana para ti.
Adiós mi vida, adiós mi amor, adiós para siempre