
«Una nueva vida» de Lorenzo López López
Me voy a remonta al 20 de Noviembre de 2003, que es la fecha de mi nuevo nacimiento, de mi nueva vida, mi nuevo renacer.
Hace unos 20 años tuve un grave accidente, caí de una altura de 6 metros. Dicen que volví a nacer ya que solamente me rompí el fémur, la muñeca y el húmero. Aunque estuve mucho tiempo convaleciente, en recuperación, al final salí de esa y volví a vivir como siempre, pero con algo que, en aquel momento, no le di mayor importancia, salí también con una transfusión de sangre que creo estaba contaminada.
Pasado el tiempo, a través de una analítica rutinaria, me detectaron los valores hepáticos muy altos y ahí comenzó mi calvario: pruebas, medicación,…pero al menos estaba todo controlado.
En el verano de 2003, mi comportamiento empezó a cambiar- lo sé por lo que me cuenta mí familia, yo no me daba cuenta-, pero parece que no era del todo preocupante. De repente, un día no contesté al teléfono,; mi mujer se asustó y salió de su trabajo para volver a casa a ver que estaba pasando. Cuando entro se encontró con un espectáculo muy desagradable: yo estaba en bata, con toda la casa revuelta y como fuera de mí. Pensaron todos que me había dado un ataque de epilepsia o algo parecido y me llevaron al hospital de Alcalá, el “Príncipe de Asturias”. Allí les dijeron que tenía una encefalopatía galopante y que me quedaría ingresado para hacerme pruebas. Mi mujer les dijo qué médico me estaba llevando y, supongo que, cuando hablaron con él les quedaron varias cosas claras: ya sabían a lo que se enfrentaban.
Ayudaron a mi familia a ponerse en contacto con el Hospital 12 de Octubre para ver la posibilidad de un trasplante hepático, ya que, según ellos, era la única solución. Por aquel entonces me dieron el alta y yo mismo fui con mi mujer y entre en la dinámica de las visitas para ver la posibilidad de trasplantarme.
A la vuelta de vacaciones, concretamente el 2 de Septiembre me puse muy mal. Me volvieron a ingresar en Alcalá y ya no salí de allí hasta el 14 de noviembre pero con muy malas noticias puesto que no podían hacerme nada más, la única solución era el trasplante.
Tuve y pasé por todo, momentos siempre malos. La verdad es que no recuerdo casi nada, es lo que me cuentan. Cuando algo estaba arreglado, otra cosa se ponía peor; tuve sesiones semanales de extracción de líquidos (una vez hasta 10 litros), se me reventó una variz esofágica y una ambulancia me llevó al Hospital de la Princesa de Madrid. Pero volví a Alcalá, ante la sorpresa de mimético, que luego dijo a mi mujer que creía que no lo superaría.
El día 19 por la noche (ya era 20) llamaron a casa.. Estábamos en la cama. Le dijeron a mi mujer”venid aquí, que Lorenzo tiene una oportunidad”. Nos llevo al hospital un vecino- Juan, gracias, pues sé que en esos momentos tú tampoco estabas muy bien. Al llegar me prepararon y pasé al quirófano. Mi mujer y mis hijas estuvieron fuera esperando 8 horas, hasta que el médico les dijo:” Todo bien, ahora sólo hay que esperar a ver como reacciona”.
Después de dos días en la UVI y dos en la UI pasé a planta. Allí me ayudo muchísimo Rafa, un compañero de habitación que también había pasado por lo mismo, con quien, a día de hoy, me une una gran amistad. También me ayudo mucho otro compañero, Manuel. Gracias a los dos, sin vosotros seguro que no hubiera sido igual.
Por fin y después de la ayuda de todo el mundo, médicos, el equipo del Dr. Moreno, coordinadores de trasplante, personal de planta, Alicia, Esther, en fin, todos- no quiero olvidarme de nadie-, conseguí que el día 3 de diciembre me dieran el alta. Estaba en casa un poco como un zombi, todos temerosos de lo que podía pasar a partir de aquel momento. Pero la verdad es que todo fue sobre ruedas: los controles cada vez mejor, me iban bajando la medicación ( empecé con 18 pastillas hasta las dos diarias que tomo ahora), en fin, que no puedo dar más que gracias a todos los que me rodearon en aquel momento y que todavía hoy siguen a mi lado.
A partir de ese momento contacté a través de un conocido con la Asociación de Trasplantados de la Comunidad de Madrid, donde también tengo buenas amistades. Son personas que me han ayudado mucho y de algún modo quiero corresponderles para que nunca se cansen de hacer lo que hacen. Porque los que hemos pasado por este trance sabemos a lo que nos referimos: necesitamos oír palabras de ayuda, sobre todo de personas con experiencia. Así que gracias a ellos también he conseguido salir adelante e intento devolver lo que hicieron por mi en la medida de mis posibilidades: cada cosa que pueda hacer, saben que pueden contar conmigo.
Como no agradecer enormemente a todos los donantes, a la familia que aceptó que el hígado de su ser querido fuera donado. Desde aquí quiero que sepan que vive en mí, con una fuerza sobrenatural, y que sin duda es el motor que hace que cada día pueda vivirlo con mucha más intensidad y dándole más valor que antes.
Asimismo, a mis hijos y, sobre todo, a mi madre (de 86 años en aquellos días, hoy ya tiene 90), porque sin su ayuda tampoco hubiera sido posible. Y, como no quiero dejarme a nadie, gracias a todo el mundo ya que desde aquel día vivo la vida con otra alegría, con más amor, comprensión, dulzura, entendimiento,…Soy consciente de que se trata de un regalo inigualable, no hay palabras para describirlo.
También quiero, desde estas líneas, hacerle llegar este pequeño homenaje a mi mujer, Mª Luisa. Gracias, cariño, sin ti tampoco hubiera sido posible. Tú te llevaste los peores ratos, en casa, en el hospital…además trabajas, en fin ¿qué puedo decirte que tu no sepas ya?
Necesitaba poder explicar mi historia, reflejarla para que otros la podáis leer y sepáis que, sobre todo con ayuda y comprensión, se sale de este trance. Pero lo más importante, sin ninguna duda, es que haya donante y un equipo médico que lleve a cabo ese gran milagro. Gracias a todos con mi respeto, cariño y admiración.